LUNES 3 DE MARZO DE 1449

 

“La población de Cubas vivía bastante olvidada de sus deberes y tantos eran sus pecados que la mano del señor estaba suspendida sobre ella para castigarla sebera y ejemplarmente”, así  comienza en algunos textos esta historia de lo que se da a entender como la “Sodoma y Gomorra” de Madrid basándose en la obra del padre jesuita Jose Luis de Urrutia.

 

Inés, muchacha de doce años, estaba cuidando cerdos en las afueras del pueblo, en un lugar llamado Fuente Cecilia, cuando al mediodía, poco más o menos, se le apareció una Señora muy “fermosa”, reluciente, vestida de paños de oro.

 

  • II Que faces aquí fija.
  • Guardo estos puercos
  • ¿Por qué ayunas los dias de Santa Maria en viernes?
  • Porque me lo mandan mis padres.
  • Faces bien, pero poco tienes que ayunar esta año. Ayunalo en los dias que cae Santa María, que quien lo ayuna, gana ochenta mil años de perdón. E te mando que digas a todas la gentes que se confiesen e aderecen sus animas (que si no ponía termino a su desenfreno y pecados Dios iba a castigarles). Que sepan que ha de venir gran pestilencia del dolor de costado e de piernas roñas envueltas en sangre, de lo cual morirá mucha gente.
  • ¿E de esta pestilencia moriré yo e mi padre e mi madre?
  • Eso sera como Dios quisiese.

 

Entonces desapareció la Señora. Este sencillo diálogo en castellano antiguo, como los siguientes, están trascritos literalmente de las declaraciones de la pastorcita Inés en su casa hilaba y rezaba, y desde hacía un año ayudaba a su padre, que era porquerizo, Alfonso Martínez, casado con Mari Sánchez; eran la familia más simple y pobre del pueblo, ella iba descalza. (Cuatro siglos más tarde la familia de Bernardita en Lourdes también será la más pobre).

 

Todos los testigos bajo juramento, incluso el capellán, están acordes en que la pobreza de la niña no era óbice para que fuera notablemente piadosa: confesaba desde los seis años frecuentemente “asaz veces más” que otras de su edad, rezaba el rosario, ayunaba “la media cuaresma”, y las vigilias de los santos, desde hacía cuatro años, y no bebía vino.

 

Curiosamente añaden que en las bodas no cantaba ni bailaba como las otras mozas. Su madre declara que nunca la vio deseosa de ir a bodas, sino de hacer oraciones. Y sabemos que guardando los cerdos rezaba el rosario. Respecto de la edad de Inés, el único que puntualiza es su padre; que “a tres de agosto vería cumplir trece años”. Su hermano Juan, preguntado, afirmó que no era “rencillosa”. Se ve, por todo, que hacía honor a su nombre (Inés significa cordera).

 

Cuando después le preguntaron diversas cosas sobre la Señora que se le apareció, aclaró que resplandecía su rostro, que llevaba una toca y una como saya abrochada por delante, ambas de oro; que no traía chapines, sino zapatos también de oro, y no tenía corona en la cabeza ni sortijas en las manos, las cuales vio blancas como la nieve, y su voz, “delgada, mucho fermosa”, a la pregunta si la Señora traía fermosos olores, respondió que ella no olió.

 

Cuando desapareció la Señora, ella dijo que tuvo miedo de lo que había visto. ¿Y qué hizo? Siguió guardando los cerdos hasta la tarde, volvió a rezar 150 avemarías con sus padrenuestros, y otras oraciones, ¡el rosario completo! (también Bernardita rezaba el rosario); luego merendó pan y agua. – no especifica a qué hora -.

 

A un tiro de ballesta de ella había dos pastorcillos que guardaban ovejas. Con ellos volvió a Cubas, y por el camino les preguntó si habían visto algo; le contestaron que no.
– ¿No vistes hoy a mediodía aquella mujer muy fermosa que vino a mí cuando estavades merendado?
– No vimos nada, quizá sería alguna mondaría – prostituta -. Ellos no se “curaron” y se fueron con su ganado.

 

Esta malévola interpretación de sus compañeros debió aumentar más su miedo; el caso es que no se atrevió a trasmitir a nadie el mensaje de la Señora.