REGRESO A CUBAS Y A LA CIROLEDA

 

El lunes 17 de mañana (o tal vez el mismo domingo 16, los testimonios no están acordes) salieron de regreso para Cubas.

 

El miércoles 19 por la tarde, llegando a Cubas, se adelantó Inés, dirigiéndose a La Ciroleda, donde se puso en oración. En seguida se le apareció por última vez la Santísima Virgen.

 

 

  • Señora, vuestra merced me dijo que la mano no se me abriria fasta que tornase aquí, ¿por qué no fue asi?
  • Tu no lo entendiste con la gran priesa que toviste de me preguntar, porque yo a eso te envie a mi casa de Guadalupe, que cuando alla fueses, que ende se te desataría.
  • Señora, alega vos ole dar otra señal porque me crean?, que no me quieren creer lo que digo de vuestra parte.

Yo bien lo creo eso; pero non cures, fija, que Yo les daré tal señal, que aunque lo quieran creer, que no puedan, que bienaventurados serán todos los que lo verán y crerán.

– Señora, vuestra merced me dijo que la mano no se me abriría fasta que tornase aquí, ¿por qué no fue así?

Cuando Inés pedía otra señal a la Virgen para que la creyesen, es porque, a pesar de todo, aun había quien no la creyese. Comprometida y desagradable situación la de los videntes, sobre todo tratándose de una niña, que diciendo la verdad, no les dan crédito.

 

La frase última de la Virgen, no fácil de entender – lo que demuestra no pudo ser inventada por la niña -, parece reflejo o repetición de las de Isaías (6,10): “Este pueblo ha endurecido su corazón, ha cerrado sus ojos y taponado sus oídos, a fin de no ver ni oír ni comprender con el corazón. No quieren convertirse ni que Yo los salve”. (Palabras citadas también por Cristo para justificar por qué hablaba en parábolas – Mt 13,13-15 – y para explicar por qué no creían en El – Jn 12,37-40 – ). Es decir: por su dureza de corazón, por su infidelidad, Dios hace que los pecadores viendo no vean y oyendo no entiendan. Lo que es suficiente a los limpios de corazón para ver a Dios – una bienaventuranza – no lo es para guíenes tienen el corazón encenagado en las pasiones.

 

La señal que prometió la Virgen – y que no la aceptarán los que no estén limpios de corazón – fueron, como en otros lugares de apariciones auténticas, los numerosísimos milagros comprobados, de los que hablaremos.